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Articulos acerca de la Tecnica Alexander

 

Publicado el 30.10.2008 > Esconder o Encontrar.

Autora: Dorothea Wallis
Traducción: Pablo Coria

La Técnica Alexander está diseñada para enseñarnos a usar nuestro cuerpo de una manera racional y económica en vez de una manera inconsciente e inadecuada. Nos enseña el principio básico de que hay un estado particular o "esquema corporal" en el cual las partes del cuerpo están relacionadas y la tensión muscular distribuida de modo que permite a cada parte y al todo estar y funcionar de la manera más efectiva.

Alexander definió este esquema a través de una paciente y concentrada autoobservación, descubriendo dónde el uso de sí mismo era ineficiente y liberándose de sus “antiguos malos hábitos” al dirigirse a sí mismo deliberadamente de acuerdo con el esquema racional que se correspondía con la manera de uso más efectiva. Su logro personal en esta búsqueda lo llevó a asumir que aplicar su técnica era específicamente un asunto de pensamiento y control conscientes.

Por más importante que sea la parte del pensamiento y control conscientes en la TA, estos son sólo aspectos de una personalidad total y no entidades independientes. Tratarlos como tal, e ignorar el todo del cual estos son un aspecto limitado, afectaría cualquier proceso de reeducación; porque la educación es un proceso que involucra toda la personalidad. El énfasis de Alexander en la unidad de cuerpo y mente reconoce esto, pero su afirmación debe ser corroborada a través de una comprensión más completa de los cambios que su proceso de reeducación conlleva en términos diferentes a los estrictamente físicos, de los cuales él mismo da una explicación detallada.

En "términos físicos" podría decirse que un tema central de la Técnica Alexander es aprender a inhibir nuestras reacciones habituales ante cualquier estímulo, y ordenarse a uno mismo, en una posición relativamente equilibrada, reaccionar deliberadamente sólo con un adecuado tipo y cantidad de tensión. Al oír sonar el timbre de mi casa, podría verme sacudido por un estado de inquietud y tensión general. De acuerdo con la enseñanza de Alexander, intento inhibir la reacción de mi cuello y cabeza, como el centro de control, los dirijo hacia un estado de mayor libertad y, habiendo reducido mi estado de tensión irrelevante, camino hacia la puerta. Estos cambios físicos pueden ser un hecho observable, pero esta explicación de lo que sucede me parece inadecuada, como si no fuese una descripción de una persona o de un hecho real. Es un tipo de construcción teórica muy alejada de la realidad. Es una descripción tan informativa acerca de mí mismo y de mi reacción al sonido del timbre de mi casa, como lo puede ser una descripción puramente estadística de un grupo de personas, en relación al carácter que poseen como individuos y de su relación con los demás.

El incidente aparentemente simple de un timbre que suena y de mí dirigiéndome a responder, lejos de ser un incidente único –con un patrón simple de “estímulo-respuesta”– es un hilo en una compleja red unificada de tiempo y espacio, yo mismo, mi pasado y mis expectativas. Un estímulo único puede ser una idea útil, pero no existe en la vida real (ni aún quizás en condiciones experimentales), del mismo modo que “un timbre” puede nunca sonar. Parece esencial reconocer esto si uno quiere comprender lo que la Técnica Alexander intenta hacer. La idea de un único estímulo y una respuesta me parece tanto un obstáculo en el camino para comprender la técnica, así como en otras circunstancias puede ser una ayuda. Es un obstáculo porque vuelve incomprensible el estado de tensión general con el cual normalmente iría hacia la puerta cuando el timbre suena. Esto puede ser comprendido cuando, en vez de pensar en el timbre como “un estímulo” y en mi reacción como “una respuesta”, estos son vistos dentro de su contexto particular como detalles de un mundo personal completo. La tensión superflua en mi comportamiento no se debe, obviamente, únicamente a un error de juicio en cuanto a lo que me demanda el entorno físico. La manera en que uno usa su propio cuerpo es tanto una respuesta a la propia situación mental como a la situación física. Cambiar mi respuesta a la situación interna puede ser mucho más difícil que cambiar mi reacción al mundo externo. Es mucho más difícil admitir sentirse muy pequeño y vulnerable por dentro, y al mismo tiempo decidir no encogerse al estar de pie y evitar hablar de la manera evasiva a la que uno está acostumbrado, que realizar los ajustes necesarios para pasar de querer dar una serie de pasos muy grandes a dar pasos más pequeños.

Aprender la Técnica Alexander es una tarea formidable porque el cambio en el uso del propio cuerpo demanda una reorientación mental drástica. No pienso que el cambio físico se pueda hacer, excepto temporalmente, sin la reorientación mental. ¿A qué equivale esta reorientación? La Técnica Alexander me brinda un parámetro objetivo que me permite usar el cuerpo de forma saludable. Si yo adopto este parámetro impersonal en vez del que uso habitualmente, me paro y me muevo de un modo que considero adecuado en lugar de hacerlo de la manera como circunstancialmente me siento. Si me siento “estrujado” porque me siento abatido pero me niego a dejar que mi sensación determine el modo en que estoy sentado o de pie, y de hecho me paro libremente, ¿puede decirse que estoy disimulando o reprimiendo mis sentimientos reales al adoptar una pose fingida? Por el contrario, negarse a dejar que una emoción determine el comportamiento de mi cuerpo no significa reprimirla sino negarle un disfraz efectivo, y esto en cambio significa que uno tendrá que enfrentarla.

¿De qué forma nos aclara esto el caso específico en el cual trato de aplicar la Técnica Alexander, de contestar al llamado del timbre? El sonido del timbre de la puerta me pone en un estado de ansiedad y tensión. Normalmente voy a abrir la puerta en este estado de tensión y “contraído”. Aplicando la técnica, me detengo por un momento y conscientemente dirijo la cabeza, cuello, etc., hacia un estado de mayor libertad antes de caminar hacia la puerta. Al tratar de liberarme de la tensión excesiva, estoy intentando liberar mi cuerpo y mi comportamiento de ser dominado por una sensación objetivamente irrelevante.

Al hacer esto no estoy quizás ni siquiera cerca de saber qué me da miedo al producirse el sonido del timbre de la puerta, pero me vuelvo más claramente consciente de la existencia de esta sensación de miedo que no tiene ninguna relación con la situación presente, pero que tiene una influencia persistente en mí. No solamente es irrelevante en la situación presente, sino que es un estorbo que me impide estar alerta y poder adaptarme en el presente. Creo que semejante reconocimiento de la sensación que es la fuerza motriz de la tensión que trato de deshacer, aunque no se exprese claramente, es una parte esencial del “deshacer” esa tensión.

La importancia de este paso tiene que ver con separarse uno mismo –una parte consciente independiente– de actitudes emocionales profundamente arraigadas. Descubrir el sentimiento que hay detrás de la tensión no significa deshacerse de esta. En el ejemplo del timbre de la puerta, llevo mi miedo conmigo cuando voy hacia la puerta, pero no permito que éste tome posesión de mí. De esta manera, uno podría dejar a un lado los patrones emocionales que lo dominan al resolver las tensiones que generan; éstos no son eliminados, sino puestos en su lugar apropiado, impidiéndoles que vuelvan a tomar posesión de uno mismo libremente. ¿Es este proceso comparable con la cura de una neurosis en la cual una parte de uno que se ha vuelvo autónoma es privada de su poder excesivo?

Este tipo de reorganización no se logra regulando nuestro cuerpo una vez o unas pocas veces de acuerdo a un nuevo patrón consciente. Probablemente, sólo a través de un trabajo persistente y laborioso se puede llegar al origen emocional de las tensiones que uno intenta cambiar. Sin embargo, quizás sólo alcanzando y abordando la situación a éste nivel es que la Técnica Alexander se vuelve un proceso de reeducación. En mi opinión, sin esto sólo produciría cambios momentáneos que no se podrían mantener.

Desafortunadamente, mis tensiones excesivas no son producidas por una única fuerza emocional, la cual una vez descubierta puede ser desactivada. Uno probablemente pueda señalar un origen de toda la tensión indebida, una inseguridad básica de la personalidad, pero esto más que ser un sentimiento es una condición, más o menos inalterable, desde la cual crecen las diferentes actitudes emocionales que producen la tensión. Aplicar la Técnica Alexander parece ser una tarea interminable que consiste en encontrar y desarmar estas muchas y diferentes actitudes, más que drásticamente descubrir un “dragón” y poner en escena una lucha valiente para liberarse de éste. La causa única emocional –que ha sido llamada inseguridad ontológica o existencial– es un estado fundamental equivalente a ser muy alto o pequeño. Uno no puede alterar su altura, pero si esto lo hace encorvarse, uno puede dejar de hacerlo y aceptar su altura. Del mismo modo, probablemente uno no puede dejar de ser inseguro; pero si esto lo hace a uno temeroso y vacilante, o continuamente agresivo y sentirse “anudado” y tenso, uno puede quizá, al resolver la tensión física, dejar de entender los miedos como un hecho natural y reconocer sus causas subyacentes. La inseguridad, como la altura, permanece, pero uno puede vivir con ésta y no para ésta.

Esta fuente primordial de tensión puede ser implícitamente reconocida en el concepto de “obtención del resultado” 1 de Alexander, como el demonio que su técnica intenta contrarrestar. Él argumenta que en cualquier cosa que hacemos, ya sea levantarnos de una silla o pegarle a una pelota de golf, debemos concentrarnos en el “medio por el cual” más que en el fin. ¿Qué es lo que hacemos cuando buscamos “obtener el resultado” –lo que indudablemente hacemos gran parte del tiempo, desde preparar el examen de ingreso a la secundaria hasta tener la conversación adecuada en una fiesta? No estamos tan preocupados por lo que estamos haciendo como sí lo estamos por cómo nos vemos. Cuando el jugador de Alexander sólo está atento a la pelota y no en la manera en que trata con ésta, siente ansiedad por probarse a sí mismo lo buen jugador que necesita ser para satisfacerse. Cuando el ama de casa friega enérgicamente el suelo de su cocina, la tensión proviene de su intento de estar a la altura de sus parámetros de exigencia más que por la dificultad del trabajo.

El “resultado” en la “obtención del resultado” busca siempre reforzar una personalidad débil. La búsqueda de la “obtención del resultado” es algo característico de la persona insegura –lo cual quizá somos la mayoría de nosotros en un mayor o menor grado– que encuentra necesario confirmarse en cualquier cosa que haga. Ser un “buscador de resultados” significa usarse con tensión excesiva. La tensión proviene del esfuerzo de justificarse o probarse a sí mismo en el mundo, en lugar de simplemente ser parte de éste. Si uno puede estar en uno mismo y no estar siempre buscando alcanzar algo para compensar por lo que uno no es, entonces uno puede hacer las cosas por sí mismas y no “buscar el resultado”. Para finalizar, el parámetro de Alexander para la regulación equilibrada del cuerpo, para que sea y trabaje a su máximo nivel, es el estándar de una persona completa y saludable.

* Título original: Hide or seek, por Dorothea Wallis. Publicado en “More talk of Alexander”, Dr. Wilfred Barlow, Gollance, London, 1978.

Hide or seek es un juego de palabras tomadas de la frase “play hide and seek” que significa “jugar a las escondidas”.

1 “End gaining”, en el texto original

 

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